
Soy Josefina Ramírez, arquitecta de formación y ceramista por instinto. Tras ocho años proyectando espacios, hace un año reencontré en el barro ese talento que me acompaña desde niña: la capacidad de dialogar con la materia a través de las manos. Hoy, me defino como una domadora de masas; trato a la arcilla con el respeto y la paciencia que merece, permitiendo que mi formación técnica y mi motricidad fina se fundan para crear lo que llamo "Arte de Mesa".

Para mí, el taller es un espacio de honestidad absoluta. Como practicante de yoga y artes marciales, entiendo que el torno es un diagnóstico transparente del sistema nervioso; es una herramienta que te dice exactamente cómo estás por dentro, no hay opción de esconder nada. Mis rituales de taller están guiados por la medicina de la naturaleza. Utilizo aromas de lavanda y ciprés de las guaitecas para crear la atmósfera de calma y energía necesaria para que cada pieza nazca desde el equilibrio.
Gres Palena es una búsqueda por la identidad profunda del paisaje. Dedico gran parte de mi tiempo a la investigación de materias primas locales: una fórmula de gres propia y a experimentar con esmaltes de ceniza, buscando que el territorio mismo se convierta en objeto funcional. Esta pasión por el origen me ha llevado también a compartir el oficio con niñas de la zona en un taller de cerámica territorial experimental, honrando el vínculo entre comunidad y tierra.
Vivo y trabajo en un entorno rural semi-aislado en la Provincia de Palena. Aquí, el tiempo tiene otro ritmo y la creación ocurre en compañía de mis guardianes diarios: mis perros Mía, Fauna y Loki, y mi gata Turbina. Sin ellos, y sin la presencia consciente que requiere este oficio, Gres Palena no existiría.
Cada pieza que eliges es una invitación a que lo cotidiano se transforme en belleza y a que el silencio de la Patagonia habite en tu mesa.